La Economía de Uber, Colaborativa Para Algunos (I)

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El Gobierno colombiano aprobó en noviembre el decreto que reglamenta el funcionamiento de Uber, el software que permite a un usuario solicitar un servicio privado de transporte individual. O eso fue lo que nos hicieron creer al acuñar un nuevo concepto llamado “transporte individual de lujo”. El decreto establece un conjunto de obligaciones que en teoría reglamentan su operación, pero los directivos de Uber en Colombia se encuentran tranquilos.

Realmente los dueños de esta empresa tecnológica (en adelante llamaremos con el término de tecnología a empresas cuyo negocio está basado en desarrollo de software para usuario final) no consideran a Uber una empresa de transporte sino una “plataforma tecnológica”, lo que explica su parsimonia. Para resolver este debate, se debe decidir si esta afirmación es cierta o no, lo que nos llevará a definir cómo se debe reglamentar su uso. Antes de esto, pondremos en contexto el modelo de negocio de la llamada economía compartida y la teoría disruptiva.

El modelo de negocio de Uber a lo Silicon Valley

El caso de Uber es el mejor ejemplo que hoy demuestra el poder de las empresas tecnológicas, incluso sirve como espejo para ver nuestro propio desarrollo tecnológico.

El negocio de Uber funciona como han funcionado durante décadas las empresas más grandes de tecnología en Estados Unidos. Esto es, a través de inversiones de riesgo y establecidas en Silicon Valley (el modelo SV), la mayoría de un éxito aceptable, otras de un mayor éxito, y unas pocas de un éxito indiscutible en términos económicos.

Uber se creó con $200 mil dólares de sus fundadores en el año 2009. Después de eso ha realizado varias rondas de inversión en las cuales en su orden han llegado US$1.25 millones de varias empresas de capital de riesgo (venture capital funds, VC) entre ellas First Round Capital y Lowercase Capital en el año 2010 ―cuando aún se llamaba UberCab. En el año 2011 adquirió US$11 millones de varias VC entre ellas Benchmark Capital, y en el mismo año obtuvo otros US$32 millones de Menlo Ventures, Jeff Bezos (fundador de Amazon) y del banco Goldman Sachs. En el año 2013 recibio la astronómica suma de US$258 millones de Google Ventures ―la división de nuevas inversiones de Google― y otras VC, y en el 2014 otros US$1.2 millones de la misma empresa.

Esta inversión le ha permitido expandirse a 68 países y más de 300 ciudades en todo el mundo, y adquirir un valor de mercado tan alto que se han codeado incluso con empresas estatales de sectores tradicionales como el petróleo y el comercio, o con fabricantes de muchos años como Ford y GM. En diciembre de 2015, Uber alcanzó el valor de mercado de $65 mil millones de dólares, frente a los USD$55 mil millones de la empresa Ford.

Las empresas tecnológicas bajo el modelo SV han tenido ventajas y desventajas para la economía norteamericana y mundial. Por ejemplo Alphabet, cuyo desarrollo se sustentó en el éxito de Google, está realizando inversiones en investigadores para Inteligencia Artificial (AI), cobertura de internet en Asia y Nueva Zelanda entre otras relacionadas con Internet de las Cosas (IoT). De esta manera, podría considerarse una ventaja el hecho de que bajo este modelo se está impulsando la investigación tecnológica y jalonando el conjunto del sector en todo el mundo.

Y como desventajas del modelo SV, todas las que tiene una inversión de riesgo. Esto es, que la empresa no logre la penetración en el mercado ―otros competidores de Uber no han tenido el mismo éxito en los Estados Unidos, como Lyft― y por esta razón no consiga los fondos suficientes para su expansión. Siempre habrá un objetivo para los inversionistas y es maximizar sus ganancias, y por esto que en algunos casos invierten en commodities, o en otros casos como en este aprovechan el auge de la tecnología móvil.

Otra desventaja es la acumulación de inversiones en pocas empresas startup ―este es el nombre genérico con el que se bautizó a las empresas tecnológicas creadas con bajo capital pero con proyección de expansión―, lo cual crea actores muy poderosos en el mercado que desequilibra la competencia, al contrario de lo que plantean defensores de la mano invisible. En el caso de Uber, las fuerzas del mercado han creado un actor muy poderoso frente a la competencia de otras startup.

Recordemos que hubo ya una burbuja económica en las llamadas empresas punto-com durante el surgimiento de la world wide web (WWW) en EE. UU., en un escenario similar al descrito de altas inversiones. Algunos consideran que hay indicios de que en estas empresas de la llamada economía compartida o colaborativa podrían llevar a una nueva burbuja financiera, puesto que el valor de mercado de estas empresas estaría llegando a una suma inverosímil, como el caso de Uber.

Desde la perspectiva de la idea del negocio en el modelo SV, los propietarios son los que toman la decisión de los objetivos del producto final. En este caso, los directores de tecnología y los inversionistas de riesgo decidieron crear la “plataforma tecnológica” y tenían clara la idea de que la aplicación impactaba el sistema de transporte.

La idea original provino de Travis Kalanick y Garret Camp, los fundadores de Uber en San Francisco EE. UU., y en algún momento en el que ya estaba desarrollada la aplicación se enfrentaron a la realidad: el modelo no estaba contemplado en la ley de ningún país. A pesar de esto, continuaron la implementación junto con los inversionistas, y hoy saben que se enfrentan a las leyes de diferentes países. Pero su posición dominante en algunos les ha permitido mantener y hasta acomodar las leyes a su conveniencia. De manera que, aunque los bloques de esta aplicación han sido puestos por expertos en tecnología, las determinaciones vienen de los propietarios ―en el caso de Uber, los propietarios también fueron en algún momento directores de tecnología, pero hoy son directores ejecutivos.

Economía compartida

La economía compartida (EC) es el concepto que engloba todo el esquema que ha llamado la atención de desarrolladores, inversionistas, economistas y gobernantes del área de la tecnología recientemente. Uber se considera a sí mismo como un caso de éxito de esta teoría.

Sin embargo la propuesta original de la EC considera una tergiversación lo que está aplicando Uber. Neal Gorenflo señala como diferencia fundamental el mayor beneficio de los inversionistas por encima de los proveedores ―los conductores en el caso de Uber―, no solo en el caso de Uber sino en general en el modelo SV. Además de su capacidad de lobby incluso para atropellar leyes nacionales contra la regulación, los inversionistas transfieren los riesgos a los proveedores, buscan establecer un monopolio y financian campañas de propaganda contra la regulación nacional. Las protestas de los taxistas afectados los termina beneficiando en términos publicitarios.

Gorenflo considera a Uber, Airbnb y otros capturadores de inversión como una amenaza tecnológica o Death Star en el mundo de la tecnología, incluso fuera de este. Llama a los auténticos colaboradores en este sector económico como plataformas cooperativas (PC), quienes además de utilizar criptomonedas para transferir los beneficios, buscan descentralizar los ingresos de SV mediante cooperativas locales, incluso más allá de los proveedores. Es un modelo totalmente diferente al que ejerce Uber, y que con mayor razón podría llamarse EC.

El esquema de Uber permite tomar a esta empresa un 20% del valor por cada servicio prestado en cualquier parte del mundo, haciendo una transferencia directa del banco del cliente al de los propietarios de la aplicación. Para los inversionistas esto sigue siendo rentable cuando se les plantea un escenario de burbuja económica en el sector, pero esto refuerza el hecho de que un empresario no continúa con una inversión si esta no es rentable, y en consecuencia para ellos el esquema se debe mantener. En esta perspectiva se sostiene por otra parte que el modelo fomenta la desigualdad, algo que para Gorenflo contradice la EC.

Los gobernantes colombianos como el actual ministro David Luna son evangelizadores del modelo SV a través de las empresas startups. Los panegiristas de este esquema quieren replicarlo a través de iniciativas como Apps.co, Parquesoft, HubBog, entre otras reconocidas por diversos medios.

Pero frente a este modelo hay muchas diferencias con la experiencia norteamericana, empezando por los montos que los inversionistas aportan, que son astronómicos frente a lo que podría aportar uno colombiano. De igual manera habría que considerar si estas empresas se venderían al extranjero si llegasen a ser exitosas, algo que considero no ha pasado en el país del norte. Además de las observaciones que ya hemos hecho como la tendencia al monopolio, la pregunta sería si el tamaño del mercado permitiría expandirse a un posible caso de éxito de este modelo bajo el estilo colombiano.

Esta y otras preguntas suponen la propuesta de un modelo alterno para Colombia, orientado a infraestructura y no a usuario final, que sería objeto de otra discusión.

La tecnología y la ley

Aunque se deben hacer esfuerzos por reglamentar toda la tecnología que tenga impacto sobre la calidad de vida humana, a mi juicio la ley siempre está más atrás que los avances tecnológicos. Tanto los circuitos integrados, como el computador personal, los sistemas operativos, la internet, la WWW, las redes sociales, el IoT, la AI, los drones, las impresoras 3D, las criptomonedas, el cifrado y la navegación anónima, entre otras aplicaciones, siempre han estado más adelante que la legislación de las naciones y el mundo.

Es por esto por ejemplo que a estas alturas todavía se discute la gobernanza en internet, la privacidad y la neutralidad de la red. También es cierto que la Aerocivil en Colombia tuvo que reglamentar la utilización de drones, o que las autoridades norteamericanas hayan tenido que solicitar la prohibición de aplicaciones cifradas, para evitar la evasión de las autoridades.

A los legisladores les cuesta reglamentar la tecnología empezando por su desconocimiento en estos temas, en la mayoría de los casos, y terminan definiendo las leyes mediante el cabildeo sin conocer las consecuencias. En Colombia es ampliamente conocido el trámite que tuvo la Ley Lleras, la cual finalmente fue derrotado en las altas cortes. ¿Será el mismo caso de Uber quien advirtió que presentaría un proyecto de ley mediante congresistas a su conveniencia para permitir su operación? Por esto es fundamental que los creadores de las leyes consulten a los expertos y usuarios para que retroalimenten la proyección de las mismas en materia tecnológica.

Otro aspecto entre la diferencia entre la ley y la tecnología es lo que el profesor Christensen de Harvard ha llamado como innovación disruptiva, bajo el ejemplo de Uber, Airbnb, Kickstarter y otras. Según esta teoría, la tecnología puede replantear el esquema de funcionamiento de algún sector económico o gremial por completo, al eliminar los intermediarios en la prestación del servicio, a través de conexiones directas usuario a usuario ―peer-to-peer, P2P.

Bajo este supuesto, Uber y otras compañías mediante la tecnología han encontrado una forma diferente de ofrecer un servicio que contradice las normas tradicionales, las cuales protegen a gremios ya establecidos desde hace muchos años, y que ya se tenía por costumbre la prestación del servicio bajo su esquema. Aparentemente los usuarios son quienes confrontan a estos gremios protegidos por leyes y políticos de turno, dándole el poder a aquellos para afectar esos monopolios.

Pero la EC bajo el esquema de plataformas cooperativas refuta esta afirmación. Aunque los usuarios reciban una parte del beneficio, realmente sí existe un intermediario que es el inversionista, quien recibe la mayor parte al mejor estilo de los negocios multinivel, creando un acumulación en la cima de la pirámide. Y el capital acumulado es suficiente para movilizar a un aparato legislativo que lleva directamente al famoso círculo vicioso de la permanencia en el poder.

Los defensores del modelo disruptivo utilizan este mismo argumento en contra de los negocios tradicionales ya establecidos, lo cual nos llevaría a una discusión de tipo política y hacia el papel de la tecnología en los sectores de la producción. Aunque tomo partido a favor de los avances tecnológicos, lo hago solo en el caso que ofrezca beneficios similares a todos los participantes del negocio, especialmente a los proveedores del servicio, algo que no hace Uber.

Sumemos a esto el supuesto de que la tecnología cada vez causa más desempleo pero eleva la productividad. En ese escenario, los avances que estamos viendo incluído el de Uber lo que significan es una mayor desigualdad en la distribución de los ingresos por la incorporación de la tecnología. Esto porque más personas desempleadas y mayor productividad significa mayores ingresos para la cima de la pirámide y menos para su base.

Como corolario, llegamos a que es menos importante la discusión de que la tecnología esté más adelante de la ley si esta no beneficia a todos los participantes de la producción de una manera justa, no necesariamente igual.

Hasta aquí el contexto económico de Uber bajo el modelo de EC y Teoría de la Disrupción. Estas bases nos servirán para responder la pregunta respecto a si Uber es o no una plataforma tecnológica, y si esto resuelve el problema de movilidad.

@rodcruzh

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