Radiografía de la Ingeniería Informática en Colombia (II)

Una propuesta sobre la política tecnológica en Colombia tiene que pasar, a mi juicio, por un contexto sobre las contradicciones en su modelo económico. Anteriormente me referí a la actual crisis internacional de las materias primas y su impacto en nuestra economía nacional, lo que nos llevaría a la necesidad del aumento de ingresos en otros sectores como el tecnológico.

Para ejemplificar esto, en otra publicación sobre la aplicación móvil Uber analicé de manera somera el modelo Silicon Valley (SV), el cual se ha convertido en la esperanza de muchos para afrontar esa crisis de la economía internacional. Se supone que este modelo es la vanguardia en la investigación, innovación y desarrollo en todo el mundo, y permitirá generar los ingresos que se han perdido en los sectores tradicionales de la economía.

EL MERCADO Y LOS INVERSIONISTAS DE RIESGO

El modelo SV alcanzó su mayor reconocimiento desde la década de los noventas con los sistemas operativos y la world wide web (WWW), sin embargo este ya se venía desarrollando desde hace varias décadas. SV funciona de tal forma que un inversionista considera viable en el mercado una propuesta de negocio que implementa una nueva tecnología, creada por una empresa startup, tal que decide invertirle parte de sus recursos esperando recibir un retorno a mediano plazo. Es un juego de azar donde el inversionista apuesta a que ganará grandes sumas con la nueva tecnología en el mercado.

Este modelo ha demostrado impulsar el desarrollo tecnológico en Estados Unidos, tal que algunos analistas han identificado varias de sus etapas llamadas olas de SV. Collaborative Economics ha identificado las siguientes olas separadas por décadas:

1. Defensa (1950-60)

2. Circuitos integrados (1960-70)

3. Computadores personales (1970-80)

4. Internet (1990)

5. Redes sociales (2000-10)

6. Internet de las cosas (2010-Hoy)

A esta última se pueden agregar otros elementos que se destacan actualmente como son los wearables, la inteligencia artificial (IA), la edición genética, la energía limpia y renovable, la computación cuántica, entre otras. Estas etapas han legado al mundo un conjunto de avances que hoy disfrutamos y usamos diariamente. Es el aspecto positivo del modelo SV que hoy continúa deslumbrando nuestra capacidad de asombro.

Cómo nacen las startups

En el proceso de promover en el mercado un producto que implementa una nueva tecnología bajo este modelo participan varias partes (stakeholders), asunto fundamental para entender los móviles que subyacen a la innovación tecnológica, que no son otros más que la acumulación de una suma inconmensurable de dinero. Esos actores están discriminados de la siguiente manera: la empresa startup, los inversionistas de riesgo y los inversionistas institucionales.

La empresa startup ―en adelante, startup― además de su potencial valor creciente, el cual es inicialmente bajo, tiene fundadores expertos en tecnología y pocos empleados, y su producto está en ciernes para un mercado que tiene posibilidades de adquirirlo y generar altos ingresos.

Los inversionistas de riesgo ―venture capitalists, VC― son empresas intermediarias que convencen a otras compañías de invertir parte de sus recursos en una startup tecnológica, además de encargarse de sacar el mayor provecho de esa inversión para que alcance el mayor valor posible en el mediano plazo ―de 3 a 5 años. Los VC se agrupan para invertir en conjuntos de startups llamadas portafolios, de forma que las más exitosas compensen el éxito de las menores.

Las compañías a las que convencen los VC son los inversionistas institucionales ―en ocasiones se les llaman socios limitados (LP)―, que destinan parte de su portafolio en capital de riesgo, además de sus inversiones tradicionales en bonos, acciones, etc. Este capital tiene un retorno superior comparado con las otras inversiones, similar a una cuenta bancaria que paga una tasa de interés al 30 %. Normalmente los LP son conocidos por el público como fondos de pensiones, compañías de seguros, bancos y otras compañías financieras públicas, privadas o mixtas.

Dicho de otra forma, los VC se especializan en invertir en el sector tecnológico con el capital de riesgo de compañías LP que no tienen ese propósito misional. Es un enfoque pragmático que responde la pregunta “¿dónde está el capital?” y lo utiliza para probar suerte con nuevas aplicaciones tecnológicas.

Una startup tiene que pasar por un proceso de crecimiento el cual va seleccionando a las más opcionadas para lograr un mayor retorno de inversión, según un jurado de expertos de VC. Estos han definido un conjunto de etapas que se pueden distinguir de la siguiente manera, según el tipo de capital que se aporta a las mismas:

El capital semilla es el destinado a las startup que todavía no ha empezado a vender su producto pero que requieren una inversión entre $250 mil y $1 millón de dólares norteamericanos (USD) para analizar el mercado o desarrollar su producto antes de salir a la venta, entre otras actividades.

En la etapa inicial el capital es destinado a las startup que han desarrollado al menos un estudio de mercado y un plan de negocios. Esta continúa con la mejora del producto a través de investigación y desarrollo (ID) aunque todavía no ha salido ampliamente al mercado. Ya genera ingresos pero todavía no beneficios.

El capital destinado en la etapa posterior a una startup es aquel anterior a una oferta pública inicial (IPO), es decir, antes de que la empresa sea ofrecida al público para su adquisición. Ya se ha consolidado un mercado durante más de al menos tres años, y han aumentado los ingresos pero los beneficios no son los deseados.

Monopolio o “el ganador toma todo”

Para entender el modelo SV se debe tener claro que su principal motivación es la acumulación rápida de capital y en enormes proporciones en el menor tiempo posible, al estilo de ganarse el premio mayor de una lotería. No es un modelo además que promueva una distribución equitativa de dinero, ya que sus propietarios provienen del sector financiero o de grandes corporaciones.

Este es su mayor aspecto negativo, que ha llevado a monopolizar por sectores el mercado de la tecnología. Esto ha hecho más poderosos a pocos prestadores de servicios tecnológicos, al mejor estilo del ganador que toma todo, llevando a la algunos de ellos a una competencia desleal y a fomentar la promoción de leyes que los favorecen, creando un círculo de poder que mantiene la desigualdad. Acaso quienes usan Google, ¿se molestarían en utilizar otro buscador web? De igual forma para WhatsApp, Uber y otras aplicaciones supervaloradas.

Algunas estadísticas señalan por ejemplo que la Escuela Y Combinator (YC) de 2008 a 2013 recibió el 7 % de las compañías que aplicaron, aquellas que se valorizarán más de USD $40 millones. En 2015 recibió más de 6.700 aplicaciones de las cuales aceptó 1.6 %. Es decir, la probabilidad de ser una empresa exitosa y altamente valorizada está aproximadamente entre el 1 y el 2 %. Muchas tortugas nacen pero pocas llegan al mar.

En este mismo año YC reportó las siguientes estadísticas (en USD):

Number of YC companies worth more than $1 billion: 8

Number of YC companies worth more than $100 million: >40

Number of companies funded by YC so far: ~940

Number of companies funded by YC that have dissolved: 177

8 de 940 compañías financiadas hasta 2015 se han valorizado por más de USD $1.000 millones. Esas ocho compañías valen más que las 40 más valiosas, sin duda un proceso de concentración del mercado en la cima de la pirámide.

Un testimonio de un VC quien fuera un empresario de startup, a propósito del aumento desmesurado de valor de muchas empresas en años como el 2013, señala que los VC prefieren precios más altos y menor cantidad de empresas, porque se puede concentrar mejor el capital y el talento en pocas y pagar salarios altos más estables a sus ejecutivos, generalmente los creadores y los VC miembros de las directivas.

Frente a esta situación, el economista Robert Frank de la Universidad de Cornell señala que ese modelo donde el ganador toma todo, que beneficia a pocos con altos ingresos mientras a los que no tuvieron suerte ofrece muy poco retorno, es similar en probabilidad al modelo de narcotráfico, donde los distribuidores de microtráfico ven muy pocos beneficios en comparación con los altos mandos o capos. Igualmente bajas son las probabilidades de obtener un trabajo en una de esas exitosas startup, según Frank: “obtener un trabajo en Facebook es solo un poco más probable que ser elegido en la NFL norteamericana”.

El profesor Shikhar Ghosh de Harvard Bussines School señala que “la regla común es que de diez startups tres o cuatro fallan completamente, otras tres o cuatro retornan la inversión original, y una o dos producen retornos sustanciales”. “Hay varias definiciones de fracaso: si la falla significa liquidar todo los activos, con los inversionistas perdiendo todo su dinero, un estimado de 30 a 40 % de startups norteamericanas de alto potencial fallan. Si la falla es descrita como no ver los retornos de inversión proyectados, por ejemplo, una tasa de crecimiento de ingresos, entonces el 95 % de las startups fallan”.

De todas las compañías startup, cerca del 60 % de estas sobreviven una edad de tres años y aproximadamente 35 % sobreviven diez años, de acuerdo a estudios de Oficina de Estadísticas Laborales de los EE. UU. En España crearon solo 3.781 empleos de 500 mil en 2015 y el 80 % de las empresas nuevas cierran antes de los primeros 5 años.

En el programa público del Gobierno de Chile, para ver el caso latinoamericano, para impulsar el desarrollo tecnológico mediante el modelo de inversión de riesgo, el capital semilla financia entre 85 y 90 empresas, y en una etapa inicial de crecimiento financian a 15 o 20. Aunque el objetivo secundario es disminuir el desempleo, el capital de riesgo más tarde se enfoca en unas empresas “que demuestran gran potencial, clientes y un plan más sólido, o que levantaron inversión”.

Mayor retorno del capital sobre el trabajo

Con lo anterior se puede demostrar que el modelo SV es un modelo de oligopolio, y monopolio en el peor de los casos (por ejemplo Uber). Pero este no es su único aspecto negativo. Varios economistas han señalado grandes fallas en la distribución de la riqueza desde distintos puntos de vista, como se verá a continuación.

Cada vez es más ostensible la desigualdad en SV. Al lado de los edificios de última tecnología se esconden cinturones de pobreza y miseria que han disparado la indigencia y el narcotráfico. “Un estimado de 31 % de los trabajos pagan USD $16 o menos al mes, mucho menos de lo necesario para vivir en una región con alto costo de vida. La pobreza en Santa Clara, el corazón de SV es alrededor de 19 %”.

Las causas para Thomas Piketty economista de la Universidad de París, quien publicó recientemente su libro El Capital en el Siglo XXI, provienen de los altos salarios en los ejecutivos de mayor rango en el sector privado en general, no necesariamente del sector tecnológico. Mientras tanto, los salarios de la clase media y baja, según los estudios desarrollados por él junto con Emmanuel Saez y Anthony Atkinson, se han estancado o incluso bajado desde 1970 en los Estados Unidos, aunque la economía haya crecido. Ese desequilibro ha causado que el 1 % más rico tenga el 20 % de la riqueza.

Lo anterior ha llevado a Piketty a establecer un modelo que indica la situación estructural de la economía mundial, donde la tasa de retorno del capital (r) es superior a la tasa del crecimiento económico (g), aupada por pocos negocios que generan grandes ingresos, por encima del desempeño general de la economía (r > g). Otra consecuencia que ha elucidado es que esta desigualdad en los ingresos no refleja el esfuerzo en la educación porque la riqueza proviene de una especie de lotería de negocios en el mercado: no necesariamente los más ricos son los que han estudiado más contrario a la sociedad del conocimiento de Drucker.

Para los profesores Erik Brynjolfsson y Andrew McAfee de la Escuela de Administración del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), la causa es más específica y se remonta a SV: la tecnología ha desplazado empleos de calificación media que antes operaban sobre la producción, generando más retorno del capital sobre el trabajo asalariado. Al mismo tiempo, ha hecho aumentar las cifras de crecimiento económico, que no se refleja en el bienestar común.

La razón de lo anterior para Brynjolfsson es la economía de superestrellas del modelo SV, donde por una inversión menor a los sectores tradicionales se obtiene un retorno inconmensurable de capital, fundamentado en una élite innovadora que tiene un alcance global en el mercado. Es decir, el negocio perfecto: un gran mercado, baja inversión en capital, y astronómicos ingresos para pocos con mejor suerte. Casos son los de la automatización por la Inteligencia Artifical (IA), las impresoras 3D, y la robótica.

David Author, un economista del MIT, sigue con la anterior idea, pero agrega la variable de la educación en esa creciente desigualdad. En esto tiene una diferencia con Piketty, puesto que Author señala que hay una mayor probabilidad de obtener mayores beneficios si se recibió una adecuada formación para el trabajo en la universidad, siguiendo con el modelo de Drucker. Tiene cifras para demostrarlo: “la brecha entre ingresos medios para personas con un diploma de bachiller como se conoce en Colombia al grado de escuela secundaria o preparatoria y los profesionales universitarios ha aumentado en EE. UU. de USD $17 mil a $35 mil para hombres entre 1979 y 2012, y de $13 mil hasta $23 mil para mujeres”.

David Grusky, director del Centro sobre la Pobreza y la Desigualdad de la Universidad Stanford, está de acuerdo con lo anterior, pero agrega otras variables como la mayor probabilidad de obtener menores ingresos si los padres tuvieron también menores ingresos. Por eso, Author y Grusky coinciden en la necesidad de promover el acceso a la educación desde edad temprana, para mejorar las probabilidades a futuro. En esto se separan de Piketty, quien propone aumentar los impuestos en los mayores ingresos.

Grusky y Author también señalan que la tecnología no está generando muchos empleos ―25 % de los habitantes de SV trabajan en tecnología―, y que los empleos generados son precisamente aquellos que tienen su aumento salarial estancado durante varias décadas, por ejemplo los trabajos manuales y operativos. Esto ha disparado los costos laborales por la menor oferta de trabajadores altamente capacitados. Es un círculo vicioso de desempleo y desigualdad.

Sin embargo, a diferencia de los anteriores, Grusky sí considera que la educación se debe acomodar al nuevo paradigma de la economía, y que debe responder a los retos de la nueva producción.

STARTUP, ¿EL FUTURO?

En el mundo se ha promovido mucho el modelo SV, y se ensalza en diversos espacios como foros y conferencias donde posan como gurús y emprendedores quienes lo realizan. Sin querer demeritar el proceso de innovación, necesario para el desarrollo tecnológico, pero la probabilidad de ser exitoso en una startup es muy poca como se ha demostrado, mucho menos en un país como Colombia alejado de la meca de la innovación. Al contrario, promover el modelo SV tal y como se ha descrito es un error y someter al país a la dependencia tecnológica.

Sus aspectos negativos son muy importantes para rechazar la propuesta, pero no se puede desdeñar que la investigación científica pública o privada ha sido fundamental para sacar el modelo adelante. Por ejemplo, la implementación de IA en diversos sectores como el reconocimiento de voz, el aprendizaje profundo, han sido fundamentales para que las empresas tecnológicas más grandes continúen a la vanguardia, como es el caso de Google o Facebook. Lo contrario sería que estas no invirtieran en IA y continuaran con su modelo tradicional de mercado, lo cual los llevaría sin duda a quedar atrasados.

El jefe de investigación en IA de Facebook, Yan LeCun, es un prominente investigador en este tema de la Universidad de Nueva York (NYU). Fue contratado para volver realidad la visión de los directivos de Facebook en la utilización de la IA, hace unos años poco utilizada, para mejorar la experiencia de usuario en la red social y crear nuevos servicios. Ahora pensemos en que a Facebook no le interesara la IA y decidiera continuar con su modelo tradicional: ¿se vería en peligro su hegemonía el mercado y el grupo empresarial que han conformado alrededor de la marca? Considero que sí porque esta se ha vuelto una carrera por ganarse una lotería en un mercado ya consolidado.

El caso colombiano

En Colombia no ocurre nada de eso: no hay SV, no hay VC, no hay LP que apuesten a la tecnología, sino el gobierno tradicional de los banqueros y productores de materias primas que desconocen completamente los últimos avances tecnológicos. Están metidos en el negocio del petróleo, la minería y la ganadería, y difícilmente van a cambiar de opinión para adoptar un modelo de capital de riesgo en tecnología. El dinero para esto está en Colciencias y en el Ministerio de las TIC (MinTIC).

Pero desde 2011 se pusieron a depender los recursos de Colciencias de las regalías del petróleo de la nación destinadas a las regiones el 10 % del total de la producción, hoy un sector en crisis internacional, las cuales tuvieron destinación en cosas diferentes a la investigación. Fundamentalmente porque el manejo que se le da a los recursos públicos en las regiones pasa por el ámbito político y depende de sus tiempos, dejando la atribución de presentar proyectos únicamente a los gobernadores de departamento. Ellos quieren resultados a corto plazo porque su gobierno dura cuatro años, y está basado en promover sus carreras políticas haciendo “política social”. Es como si en SV tuvieran que preguntarle al Gobernador de California si es viable o no implementar IA en el reconocimiento de imágenes.

2 de cada 5 pesos colombianos (COP), esto es, $1.5 billones de ese 10 % de regalías de las regiones siguen en los bancos. Su ejecución ha sido baja y resuelve problemas bastante específicos, lo que el ex rector de la Universidad Nacional (UN), Moisés Wasserman denomina “novedoso viejo” en contraposición a lo “novedoso nuevo”: lo primero es la aplicación de una idea que alguna vez alguien imaginó pero nadie se atrevió a construir, mientras que lo segundo es lo que nadie ni siquiera imaginó y establece una forma inédita de resolver un problema de la naturaleza.

Imaginando que el modelo colombiano siguiera la misma implementación que SV, ¿quiénes serían protagonistas del esquema? Hace poco por ejemplo, el MinTIC promovió una convocatoria de innovación para makers ―lo novedoso viejo― donde la mayor parte de los recursos los pone Intel ―a propósito, compañía en crisis por la imposibilidad de cumplir la Ley de Moore o de mejora del rendimiento y el tamaño de los microcontroladores, y enfrentándose a una posible decadencia frente al auge de la computación cuántica. Esto lo hace el gobierno bajo el mantra neoliberal de la mayor inversión extranjera y la generación de empleo ―que no genera tanto como se quisiera como en los mencionados casos de SV y España―, a contramano de una auténtica soberanía tecnológica. Asimismo el MinTIC ha promovido la alianza con Microsoft para la provisión de computadores a escuelas, en ambos casos, posicionando un solo proveedor tecnológico. No quisiera pensar en Carlos Slim como LP invirtiendo capital de riesgo en su propia industria de hardware, monopolizando más el mercado ya cooptado por sus negocios.

Los proyectos tanto de Colciencias como del MinTIC además tienen como requisito generar ingresos, por eso su grandilocuente nombre: ciencia, tecnología, innovación y competitividad. En el mundo en cambio la tendencia es a separar, la competitividad en un asunto de administración de empresas y la ciencia es un asunto de entender los problemas de la naturaleza.

ALGUNAS CONCLUSIONES

El modelo SV a mi juicio tiene más aspectos negativos que positivos si se aplicara esquemáticamente en la realidad colombiana. Esto promovería más el monopolio entre las corporaciones tecnológicas y el sector financiero bajo una supuesta buena causa, fortaleciendo el esquema de los “papás multinacionales”. Pero mientras esté un gobierno defensor de la inversión extranjera y el empleo, difícilmente habrá una autonomía en la construcción de nuestra industria tecnológica.

Entretanto, se me ocurren algunas ideas que permitan salir a nuestro país de la baja producción científica y tecnológica, y que contribuyan a resarcir en parte la crisis de las materias primas. Una sería la construcción de una industria nacional de hardware. Actualmente en el país ―según conversaciones que he tenido con expertos― sí se construye hardware nacional, refiriéndose esto a que la aplicación técnica proviene de técnicos o ingenieros colombianos. Pero la parte financiera aún tiene fuerte dependencia del extranjero ―por ejemplo, la dinamizadora Wayra de Telefónica España. Los LP todavía salen fortalecidos con este modelo. Sin embargo, nada de lo que se ha hecho en este sector a mi juicio amenaza a grandes como IBM o Hewlett-Packard (HP). Cuando hablamos de una industria nacional de hardware nos referimos a una o varias empresas de la talla de estas grandes.

Otra idea sería promover un mercado común latinoamericano de capital de riesgo en tecnología, donde inversionistas y crowdfunding originarios de la comunidad andina, junto con respaldo estatal tanto en capital de riesgo como en investigación, financien startups provenientes de esta misma región, y que sus productos sean distribuidos en el mismo mercado de un tamaño similar al de los EE. UU. Parte del éxito de SV es el tamaño del mercado que es de alcance mundial. Pero un buen inicio sería el mercado de esta zona, y de paso, se le da un buen uso a organizaciones burocráticas como Unasur.

Finalmente, una auténtica economía compartida ―en otra ocasión abordaremos a profundidad este tema―, es decir, que la creación tecnológica se fundamente en organizaciones sociales de base ―ver el caso de cooperativas de taxistas en EE. UU. Esto significa la eliminación de intermediarios que se benefician de la producción tecnológica de estas comunidades, ahora que es tan accesible ―por ejemplo la impresión 3D.

@rodcruzh
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